Bruno Suspiró, pasó su mano derecha por entre su cabello, aquel cabello suave y abundante que tenía. Ese día Bruno iba listo y decidido a confesar su amor. Ese amor que por tanto tiempo había callado.

Bruno siempre fue de pocas palabras. Un hombre simple se podría decir. Era de pocos amigos, su cosa favorita en toda la tierra era estar solo, en toda su vida y ya con 26 años de edad había tenido una única novia. Sus padres incluso llegaron a pensar que le gustaban los hombres. Lo cual le causaba bastante gracia porque la realidad es que había más de una propuesta de algunos Gay del pueblo.

Aquel caluroso día Bruno se sentía con más fuerza que nunca, sentía que aquel día podría decir lo quisiera y todo le saldría bien, a pesar de ser de poco hablar. Era uno de esos días donde uno se levanta sintiéndose como un Batman cualquiera. Había estado enamorado en silencio por muchos años, pero ese día algo le decía que era el momento perfecto para decir todo lo que sentía.

Aquel 22 de agosto, se levantó y como siempre hizo su rutina de ejercicios en el parque del pueblo. Bruno odiaba los gimnasios. No tenía que ir al trabajo porque estaba de vacaciones así que el tiempo que tenía libre durante el día lo iba usar para pensar en la manera más original de llevar a cabo su gran confesión.

Pasó algunas horas pensando en que decir, como decirlo, y en que llevar porque Bruno a pesar de ser solitario y aparentemente frio, era un hombre de detalles y no llegaría donde su amada con las manos vacías.

Pensó y pensó y no se le lograba ocurrir nada. Se paró delante de su espejo para practicar lo que iba decir y de repente pensó que no debía complicarse, que de hecho complicarse es lo que lo había llevado a tener aquel intenso amor que sentía, callado por tantos años.  Llegó a la resolución de que lo haría de la manera más simple y sencilla, llegaría  y le diría dos simples palabras “Te Amo”.

Luego lo abordó la duda de que ropa usaría. Él no era hombre de preocuparse por esas cosas, pero ese era un día importante, quizás el más importante de su vida. Era tanto su amor por ella, que de alguna manera sabia sus cosas favoritas y obviamente su color favorito, que era el Verde Menta. En otro caso Bruno no sabría distinguir entre tonos de colores, pero en este caso él sabía distinguir muy bien. Así que recordó que tenía una camisa justo de ese color, la sacó de su closet y la planchó. Escogió sus jeans favoritos y sus zapatos tennis favoritos. También decidió usar el perfume de olor más suave que tenía, pues por supuesto a su amada le agradaban los olores suaves.

Entre tanto pensar y planear durante todo el día a Bruno se le olvidó que ya eran casi las 6:00 P.M. hora en la que ella se sentaba en el pequeño muelle del pueblo a leer y ver el atardecer. Es que así era su amada, sencilla y simple como él. Se apresuró a cambiarse. Al terminar se vió una vez más en el espejo y se dijo as mismo “Hoy es tu día campeón”

Salió de casa en su motocicleta. Llevaba en mano un libro que había tenido mucho tiempo en casa y que le recordaba a ella, pensaba llevarlo como regalo. Iba conduciendo la calle principal para dirigirse a la carretera que llevaba hacia a la playa. Justo antes de cruzar a la esquina un camión de carga de esos que llevan los comestibles a las escuelas de gobierno apareció de la nada, Bruno tratando de maniobrar en su moto para no ser arrollado se salió de la carretera, de lo que no se percató es que por la vía peatonal iba caminando una mujer que llevaba en sus manos un libro, de cabellera larga y negra. Llevaba sandalias y un vestido con el que el viento jugaba. Bruno perdió el control y no pudo evitar arrollar aquella mujer. El golpe fue tan fuerte que la lanzó a varios metros lejos de donde había sido atropellada. Bruno cayó de su moto, se dio varios golpes y sangraba en la frente, pero lo único que le pasaba por la mente era esa mujer, así que se apresuró a levantarse para percatarse del estado de ella.

La posición en la que ella había caído al suelo la dejó con todo el cabello cubriéndole la cara. Bruno prontamente movió su cabello a un lado para ver quién era y ver si estaba bien. Justo en el momento cuando hizo eso, su día se oscureció. En ese instante supo que ya no era un Batman cualquiera, que de ese día en adelante no se volvería a sentir como lo hizo en la mañana de aquel 22 de Agosto. Esa mujer que estaba tendida en el suelo, era ella, era su amada, no lo podía creer. Con lágrimas en los ojos y voz desesperada bruno le gritaba que abriera los ojos y dijera que estaba bien… Ella lo hizo, abrió sus hermosos ojos café y extrañamente para Bruno, su amada sonrió. Bruno la miró fijamente y le dijo lo que por tantos años había callado: “Te Amo”. Ella respiró forzosamente y le respondió: “Yo también” y fue entonces cuando sus ojos se cerraron nueva vez, pero para siempre.

Bruno no lo podía creer. Ella, su amada, también sentía lo mismo por él.

A partir de ese día, Bruno no volvió a callar ningún sentimiento.  Siguió su vida, como un hombre triste, menos solitario, pero triste. No pasó un día en que no se lamentara por no haber dicho lo que sentía años antes.

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